| Capítulo 19 |
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« Dios mío, Enrique. Mira a nuestro alrededor.
¡Estamos en un cementerio! » |
| El viento continúa silbando: « Enrique... Enrique... ». |
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Hay tumbas por todos lados. Hay lápidas de todos los tamaños, de todo tipo. |
| « ¿Qué significa este cementerio? », dice Enrique con un aire preocupado. |
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« No me gusta. Quiero regresar », dice como un niño consentido. |
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« ¿Quieres regresar? No me hagas reír, Enrique. ¿Adónde quieres regresar
exactamente? ». |
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« Yo no sé, pero... ». |
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« Oh, cállate. Tú sabes muy bien que … » |
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Interrumpo mi respuesta, porque de inmediato, mi vista es atraída por una lápida que no es como las otras. |
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En efecto, su epitafio es bastante curioso, como se puede ver por la siguiente inscripción: |
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Él no esperó que la puerta retorcida se abriera sola. ¡Peor para él! Se quedará aquí para siempre. |
| Nos miramos. ¿Qué significa eso? |
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¿Quién no esperó? |